Tan largo que tuvo que ser dividido en dos partes.

Esta vez la cosa fue más concreta, racional digamos. Su casa de campo pasó a estar en Minas y estábamos con su amiga que noesdeacá haciendo algo parecido al rapel (mucho menos producido) las cosas no estaban del todo mal pero había una inexpresividad en los tres, bressoniana. Fin del primer acto. Me levanto y creo que me hice pichí porque está todo mojado, después pensé que estaba durmiendo encima de un vómito (no sería la primera vez) y al final descubrí que eran litros de mi sudor. Tomo las medidas adecuadas (sacarme la remera que pesa 4 veces más y bañarme) y vuelvo a acostarme esta vez sobre el acolchado y tapado por unas mantas más finas. Comienzo del segundo acto: Estoy solo en el campo minuano, en el mismo punto donde terminó el primer acto. Me abandonaron o algo así. Transición a la fachada de la casa. Muy extraña para estar en medio del campo. Su amiga me atiende con una sonrisa inocente. Paso a una barbacoa interior (nota: el gusto por la decoración y calidad del amueblado mejora en el sueño). Su amiga desaparece y por generación espontánea aparece su padre el cuál se presenta de forma muy cortés diciéndome su nombre. Para cuando le digo el mío él ya no está pero no pasa mucho tiempo hasta que su descendencia aparece y apenas parece darse cuenta de que estoy ahí. Junto a mi percanta está la amiga que noesdeacá y que tiene la expresión de estar haciendo un estudio antropológico del rito de alguna tribu aislada de la Polinesia. Se escuchan O.S gritos juveniles y enseguida entran jóvenes que conservan aun la camisa de su colegio. Son casi todos el doble de altos que yo y traen bolsas gigantes de snacks, botellas descartables de coca cola, botellas verdes de vidrio y demás (esos siempre van a comprar en exceso en una dirección proporcional ascendente a los ingresos de sus padres llegando a superar su peso en mierda (después de todo es la distinción principal)). Otra fiesta a la que no soy invitado, a veces parece que soy alguna clase de amenaza para ciertas personas. Tampoco me gustan mucho las fiestas. Para la fortuna de mi febril estado la percanta desapareció. Pienso que debió de haber identificado a un reemplazo y que no puede andar perdiendo el tiempo (es algo que llego hasta admirar, pero entendamos que es mujer y linda, de modo que no es tan impresionante). Los niños ricos tampoco ven que existo o me confunden con alguna clase de estatuilla de un liliputiense que integra el cálido ambiente. De repente me reviso un bolsillo y me doy cuenta de que llevo un viejo pantalón marrón, en sus tiempos fue mi pantalón predilecto, que tiene un tajo desde los testículos hasta la nalga derecha. Si tenía que entender algo lo entendí, ahora no sé lo que es, pero en el final de ese segundo acto me quedé más tranquilo. A lo mejor todo significa que las clases sociales son como las bebidas alcohólicas, no hay que mezclarlas y/o que algunas mujeres están diseñadas para destrozar hombres. En fin espero haya sido el cierre de este ciclo y vuelva a la normalidad durmiendo pesadamente y olvidando lo que sueño o al menos cambiar los personajes principales.  Voy a ir con más cuidado de ahora en más. Hasta que se me olvide, claro.

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