Lo que nos queda

Cuando la noche es ciegamente cerrada
tendemos a ver las cosas más claras:
Yemas carcomidas por la ansiedad diaria
y con manchas de nicotina impregnadas.

El tiempo se escurrió lento y sin atino
y en el firmamento sin estrellas ni nubes
reflejado en la abismal negrura
vemos deambular a nuestro triste destino.

Fue cómodo moverse en la penumbra;
refugiarnos en nuestra lozana  cobardía
que a nuestro huraño corazón herrumbra.

Lo que nos queda es ocultarnos indiferentes
atormentados al oír el timbre del teléfono
por miedo a escuchar a los otros dolientes.

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