La calma es la antesala de la nada

Está nublado; el cielo es plomizo y el viento agita el aire caliente y a las inmundas pelusas de los plátanos me irritan los ojos y se pegan a mi sudor, potenciando mi alergia primaveral. Hace veinte minutos que espero el condenado ómnibus deseoso de que se largue la tempestad que aplaque las secretaciones de los árboles. La parada está frente a unas pensiones de mierda. Jóvenes mal vestidos y mal comidos entran y salen, turnándose para fumar pasta en la fachada del edificio abandonado que queda en la vereda de enfrente. Se gritan unos a otros y parecen ser felices a pesar de su condición; será la droga. En la parada también se encuentra una mujer con un cochecito barato, en el hay un bebé horriblemente subnormal. Me mira como si no entendiese: su cuerpo se contrae enseñando articulaciones imposibles para un bípedo. La complexión de su rostro tiene unos bultos enormes y sus cejas eran, proporcionalmente hablando, las más gigantescas que he visto. Su madre, en cambio, parecía normal. Una mujer entrada en años que en sus buenos tiempos habría de ser apetecible. Solo que ya no son buenos tiempos. Ella toma al engendro en brazos y cierra el cochecito con cierta dificultad; está roto. Otra mujer que de su misma edad solo que fea por naturaleza que por allí pasaba pareció reconocerla. La saludó con una sonrisa y un beso. Se acercó al “bebé” y no sin un asco calculado le sonríe y le da un beso. El mongoloide se ríe y agita, quizás el día no sería tan malo para el, imposible saberlo. Charlan trivialidades un poco más, se despiden y la otra mujer sigue su camino. A los cinco minutos las primeras gotas caen tras una semana infernal y la estercolosa pelusilla se sigue adhiriendo a mi y a mis ojos. La pobre madre trata de para un ómnibus y este sigue de largo como si no la notase. Al rato pliega su coche, mete al vástago en él y resignada comienza a caminar hasta que la pierdo de vista. Supongo que todos esperamos algo que no va a llegar nunca. Al menos que tu papá sea rico; en tal caso tendrías a un montón de lameculos a tu servicio y quizás hasta un par de estrellas. El ómnibus que esperaba pasa expreso a toda velocidad. Escucho truenos y en seguida comienza el lascivo diluvio y no me importa. Lo bueno de las fuertes lluvias es que  barren la basura. 

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