Mañana en paz.

Ella se despertó de golpe; ya no soportaba más estar sofocada bajo las pesadas mantas. También tenía que mear así que lo primero que hizo al levantarse fue ir al baño. Se subió un poco su simpático camisón, se bajó las bragas con cabezas de ositos panda estampados en diferentes colores y se sentó en el water. Orinó por casi un minuto un fuerte chorro, ya le dolía la vejiga de contener el líquido. Se quedó un rato más, media dormida, mirando a los inmaculados azulejos de la pared.Terminado su pubis hay un hermoso lunar, apenas cubierto por el vello y sobre este una joven cicatriz. Apendicitis. Le gustaba el terso roce de una mano sobre aquella línea apenas más clara que su piel color bronce. El tipo que estaba durmiendo en su cama no lo sabía, como tampoco sabía algunas cosas importantes; básicamente no sabía nada. Se levanta, el camisón se desliza por su piel quedando apenas cubriéndole el culo. Sube sus bragas con felices panditas. Tira la cadena. Se mira al espejo y nota un granito cerca de la comisura de los labios, casi como un lunar bastardo en una chica pin up. Lo explota sin ganas y el puntito de pus le recuerda a la endeble secresión de la noche anterior del tipo que está dormido a pocos metros y que no sabe nada. Vuelve a su cuarto, se sienta en la cama y de un cajón saca su netbook, la apoya sobre sus desnudas piernas y entra a su correo. La apertura de sus ojos alcanza el máximo humano, mientras el corazón le da un vuelco alterando su normal frecuencia. Deja apresuradamente la computadora sobre la cama de un jean en el piso saca su celular. Intenta Llamar a su compañera de equipo. No responde. Vuelve a llamar y es lo mismo. Se pone los jeans que estaban en el piso y se dispone a ir. Ella vive en una casa tipo barrio Reus. esas de puertas largas y con claraboyas. Abre la puerta de su cuarto y la cierra con un gran estruendo. El >algoasícomosunovio<  apenas se percata de esto. Su madre, en cambio, que estaba en la cocina, desayunando, se sorprende ante el golpe. Le ve muy alterada y le pregunta que le pasa. Ella le responde frenética y casi ininteligiblemente, de por si es una chica muy eléctrica y más potenciada estaba con la inminente entrega de un trabajo inconcluso para facultad. Sin dejar de putear toma el teléfono fijo y vuelve a llamar a su compañera (el compromiso grupal en cuanto al trabajo era de la mitad de los miembros). Esta contesta somnolienta. Ella le pregunta totalmente desquiciada. Su compañera trata de tranquilizarla y explicarle las cosas mientras es constantemente interrumpida por preguntas. Pasa un verborrágico minuto y se llega a que otro compañero era el encargado de hacer corrección de estilo e impresión, además de estar a cargo de entregarlo. Sin decir adiós ella corta el teléfono. Su madre un poco molesta por el asedio a su tranquila mañana le vuelve a preguntar que pasa, supongo que es una buena mujer. Ella no le contesta. La perra adoptada que tiene le ladra interrogativamente o más bien lloraladra, no puede hacer ambas por separado, debe de estar también preocupada.Ella me llama. Yo apenas hacía minutos que estaba despierto con un dolor de cabeza que volvería loco al más fuerte. Suena mi celular y contesto. Ella me dispara una interminable metralla de preguntas, habla muy rápido. El tono en el que me habla me es muy molesto y le contesto un poco mal mientras escucho en el fondo de la conversación los gritos de su madre y los llantoladridos de su perra adoptada. Me recuerda mi tarea, tiene razón en estar como está. Me tranquilizo y trato de hacer lo mismo con ella, casi lo logro. Mientras tanto enciendo la computadora y mientras tanto pienso en su lunar y su cicatriz y en el idiota que está ahora en su cama. Corrijo por arriba faltas de sintaxis, agrando los márgenes para que corresponda con la extensión en páginas requerida, saco la mierda. Se lo mando a su mail. Ella vuelve a llamar, dice que su impresora no funciona y que ya se va a imprimir a la facultad o algo así. Se desespera, no tiene pendrive, pero a los minutos encuentra un viejo mp3 que funciona. Se despide, le prometo una cerveza y me dijo que si. Vuelve a despedirse y se va a cumplir con su deber. Pienso un rato en su estoica actitud. Pienso en si Hemingway hubiese sido mujer que habría pasado. Me río de mi pelotuda comparación y me voy a dormir. Quizás algún día le invite esa cerveza. 

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